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“Comer” y “comida”: dos cuestiones de implicación psicológica

11 Jul

Hace un par de meses, tuve oportunidad de asistir a una conferencia sobre obesidad a la que no estaba invitado. La exposición fue hecha por un alto cargo del Seguro Social en Oaxaca que, según percibí, tiene ya bastantes años preocupado por esta cuestión (mucho antes de que el tema se pusiera de moda por los datos que hacen de México un puntero en estos asuntos). Habló de los programas que ha implementado la institución a la que él pertenece, e incluso nos contó que él mismo ha sido impulsor y operador de varios de ellos. Mostró también estadísticas y datos acerca de la magnitud del problema en México y en Oaxaca.

No obstante, y a pesar de lo interesante e ilustrativa que resultó su exposición, lo que llamó principalmente mi atención fue la manera en que él mismo vive la obesidad. El médico en cuestión es un tipo obeso, bastante obeso de hecho y él mismo hizo notar esa curiosidad: “cuando me hablaron y me pidieron que viniera a hablar de obesidad, no sabía si querían que hablara sobre los programas ó si querían que diera un testimonio”, dijo al iniciar. Con un ritmo bastante cómodo para los que le escuchábamos y una claridad envidiable, desarrolló el tema. Sin embargo, había algunos momentos que hacía comentarios que permitían vislumbrar algunas cuestiones que él mismo, quizá, no comprendía. De pronto habló de los psicólogos y obviamente mis antenas receptivas atendieron especialmente. Evidenció un cierto descontento con la labor de estos profesionales diciendo, en primer lugar, “yo le he preguntado a varios por qué aparece la obesidad, a qué se debe, y ni ellos mismos pueden ponerse de acuerdo”, y más tarde, hablando de su caso particular, “yo mismo les he dicho que quién se avienta conmigo, que yo ofrezco una recompensa al psicólogo que pueda hacerme bajar de peso. Nadie le entra, ninguno va a poder”.

Me parece, con todo esto, que una cuestión queda clara: La comida no es lo mismo para todos, y la acción de comer, mucho menos. ¿Qué representa para este médico comer?, ¿conocerá del erotismo caníbal asociado invariablemente a esta acción?, ¿le habrá explicado alguno de los psicólogos a los que acudió que también, desmembrando este acto, pueden rastrearse algunos afectos no elaborados de la infancia?

Trato siempre de no interpretar a sujetos que no están en tratamiento conmigo. Por eso, más allá de pensar en lo que mueve a este médico a desafiar a un sector específico de los profesionales de la salud de ese modo, quiero partir de su ejemplo para hablar un poco de lo que el “comer” y la “comida” podrían representar en nosotros, obviamente, sin que tengamos noticia de éllo.

Continuamos el próximo jueves.

 

Psic. Juan José Ricárdez.

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Posted by on July 11, 2013 in Uncategorized

 

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